
D. Alberto Onaindia rodeado de exiliados vascos en París
“Se levantó pálido, se abrazó con todos, se despidió de ellos … A la puerta le ataron las manos a la espalda… Trasladado con otros varios a Oyarzun bajó del coche y se puso a rezar el “Te Deum” siendo fusilado. Su cadáver está enterrado en fosa común con otros varios, sin ataúd siquiera. Los confesores se juramentan a silenciarlo todo.
Corría el mes de Noviembre de 1936. Don Alberto Onaindia escribía con respeto a su Obispo. En la carta da cuenta del fusilamiento de varios sacerdotes por los militares fascistas, incluyendo en su narración los últimos momentos de su hermano Celestino. “¿No se enterará el mundo entero de que ese movimiento no es “movimiento salvador” ni “defensor de la religión”, sino “blasfemo”, que con el nombre de Dios comete los mayores crímenes, que no tienen en modo alguno que decirse que son menores en cantidad o en calidad con los crímenes cometidos por los “comunistas” que siquiera no creen en Dios?”.
“Sólo los nuestros – lamentaba en su carta el sacerdote markinarra y Canónigo de la Catedral de Valladolid -que han estado en sus ministerios sacerdotales hasta la última hora, sólo estos mueren sin un recuerdo de piedad ni de la Santa Sede, ni de su Obispo. Hay una consigna de dejar en el secreto estos crímenes; pero no podemos tolerarlo. Todo se sabrá. Todo se publicará. Hasta el silencio estudiado de sus Superiores de Vitoria que en el Boletín no han dedicado un R.I.P. a sus hermanos muertos y muertos como santos!”.
(más…)